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Determinación de agua Easy H2O BERGHOF


Detección selectiva de agua sin reactivos químicos
El EasyH20® de Berghof combina la evaporación térmica y un sensor electroquímico selectivo para el agua como nuevo e innovador método de determinación de agua.

El EasyH20® de Berghof registra de forma selectiva, el contenido de agua de una muestra por termo-coulombimetría. Para ello, se calienta la muestra en un circuito cerrado y el agua evaporada es trasportada hasta el sensor. El resultado no se ve alterado por otras sustancias evaporadas junto al agua, como en el caso de técnicas gravimétricas de medidas de humedad.

El EasyH20® de Berghof genera resultados reproducibles y precisos. Posibilita la detección independiente de agua libre superficial y capilar, así como de agua estructural. Incluso el agua enlazada químicamente es liberada y cuantificada con programas de temperatura de hasta 400°C. Los resultados son equiparables a una titulación/valoración por Karl-Fischer.


Para su funcionamiento no es requerido ningún reactivo químico tóxico ó especial. El EasyH20® contribuye eficazmente tanto en investigación y desarrollo, como en control de calidad para mantener y/ó aumentar la competitividad.

El agua es evaporada en un horno programable y llevada al sensor por un gas transportador. A través del perfil de temperatura del programa de calentamiento, se puede discriminar y evaporar lentamente los distintos tipos de agua contenida por la muestra.

El aire del entorno es succionado y secado antes de ser empleado como gas transportador, evitando de esta forma el uso de gases especiales. De forma alternativa, por ejemplo para eliminar reacciones de descomposición producidas por el oxígeno contenido en el aire, se puede trabajar con Nitrógeno. El proceso completo, controlado por software, transcurre de forma automática.

Celda de Medida con sensor Coulombimétrico de pentóxido de fósforo
El sensor coulombimétrico de P2O5 es el corazón del instrumento, siendo su capa de pentóxido de fósforo la que atrapa el agua contenida por el gas transportador.

El agua atrapada, se descompone electrolíticamente en hidrógeno (H2) y oxígeno (O2) al aplicar una corriente eléctrica en ambos electrodos de platino. La carga eléctrica necesaria, es proporcional a la cantidad de agua total determinada. A través de la ley de Faraday, se puede calcular directamente la cantidad de carga consumida como cantidad de agua contenida. La medida es por consiguiente, una medida absoluta, la cual se puede realizar sin necesidad de calibración.

El sensor se autoregenera durante la electrólisis del agua, formando una nueva capa de P2O5, de forma que el instrumento siempre está preparado para trabajar.


Siempre preparado para trabajar
El control del EasyH20® se realiza através de PC. Una vez iniciado el programa de análisis, se abre una ventana donde el usuario debe introducir datos importantes para pasar a la siguiente etapa del proceso. El peso exacto de la muestra es transmitido automáticamente cuando la balanza se encuentra conectada al EasyH20®.

Durante el análisis se muestra gráficamente la intensidad de corriente en el sensor, así como los perfiles de temperatura teórica y experimental. El valor acumulado del contenido de agua, la intensidad de corriente consumida y otros valores experimentales, son mostrados numéricamente en tiempo real.

El proceso se encuentra bajo control, siendo posible la intervención del usuario en todo momento. Todos los datos y programas de temperatura son registrados y archivados de acuerdo a las normativas ISO y GLP, permaneciendo a continuación disponibles para imprimir ó releer.


Empleo Sencillo, Costos de operación reducidos
El manejo del EasyH20® de Berghof es relativamente sencillo y transcurre en 3 etapas:

1. Inicio del programa de medición automático.
2. Registro de la pesada de la muestra automático.
3. Introducción de la muestra e inicio del Análisis.

El sensor del EasyH20® se autoregenera por lo cual no va a ser consumido. El sistema es purgado permanentemente con aire seco, eliminando de esta forma la posible generación de un blanco por el entorno. El analizador no necesita ninguna clase de reactivos químicos para el análisis y está listo para funcionar en todo momento.

A la vanguardia a través del conocimiento
Un precoz y detallado conocimiento de las propiedades de los materiales nos previene de posibles daños causados por materias primas inadecuadas ó productos defectuosos. Por ello, el saber la cantidad y tipos de enlaces del agua en sustancias desconocidas, unido al conocimiento de la temperatura de liberación de la misma, resulta muy aconsejable. El easyH20® contribuye eficazmente tanto en investigación y desarrollo, como en control de calidad para mantener y/ó aumentar la competitividad.

Contenido en agua y propiedades de los materiales
El contenido en agua de un material influye frecuentemente en las propiedades del mismo de forma considerable. De esta forma se ven alterados por ejemplo la caducidad de productos farmacéuticos, el comportamiento del plástico durante el moldeo por inyección, ó sencillamente el coste de materias primas por variaciones en su peso.

Diferenciación entre agua libre y agua enlazada
La evaporación del agua se puede realizar de forma controlada con programas de temperatura de hasta 400°C. Rampas lentas y/ó sucesivas y escalonadas pequeñas etapas de calentamiento, posibilitan la diferenciación de los distintos tipos de agua presente en la muestra. El software permite el análisis y la cuantificación de los distintos picos en la gráfica registrada.

Resultados Fiables
El sensor de Pentóxido de fósforo es un método estándar en la determinación de agua para gases como por ejemplo Hidrógeno, Oxígeno, Nitrógeno, Argón y Helio. Este procedimiento está descrito y estandarizado desde 1987 en la normativa DIN 50450-1. Asimismo, este principio de determinación de agua es empleado para Gas Natural (ISO 11541:1997 y ASTM D 5454).



Mayor información:
PAAM INSTRUMENTAL
Tel./Fax: 011-4778-7234
info@paaminstrumental.com
www.paaminstrumental.com

Día Nacional de la Avicultura Alimentos y Regiones

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Fuente: Alimentos y Regiones

Malevo America's Got Talent 2016 - All Golden Buzzers

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The Four "New" Elements & How We Got Them Speaking of Chemistry

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Fuente: Reactions

La Música: Química, Emoción y Cerebro Osvaldo Fustinoni

Música, química, emoción y cerebro

AutorOsvaldo Fustinoni
Médico neurólogo, doctor de la UBA y profesor de neurología

La música, expresión humana exclusiva, es singularmente abstracta. No traduce significados cognitivos concretos, pero evoca, en cambio, emociones intensas. No se comprende tanto como se siente. No es indispensable para vivir, pero satisface nuestros más profundos anhelos de emoción. La emoción probablemente precedió a la cognición, el canto y la danza al lenguaje hablado, el lenguaje metafórico al literal o científico, y la poesía a la prosa [1].

La emoción musical se manifiesta físicamente por la exaltación de un sector del sistema nervioso autónomo (o sea independiente de la voluntad): el sistema adrenérgico. Este genera adrenalina, hormona de la excitación y los impulsos, que causa taquicardia, aumento de la presión arterial y del ritmo respiratorio, transpiración palmar, dilatación pupilar y tensión muscular. Estas manifestaciones físicas no se diferencian de las causadas por otras emociones, como las afectivas, miedo, peligro o erotismo. La onda de activación adrenérgica es el gran amplificador común. Por eso, podemos percibir que una persona se encuentra "emocionada", pero no podemos saber por qué [2].

Como sabemos, el sistema nervioso está integrado por neuronas. La comunicación interneuronal se hace por sinapsis, transmisión química a través del mínimo espacio intersináptico existente entre una neurona y otra. La sinapsis se efectúa por medio de neurotransmisores, sustancias químicas que por impulso de la neurona presináptica se liberan al espacio intersináptico y actúan sobre receptores específicos situados sobre la membrana de la neurona siguiente, postsináptica, desencadenando un nuevo impulso. El neurotransmisor modifica la permeabilidad iónica de la membrana, originando un potencial eléctrico, y se inactiva rápidamente, una vez logrado el impulso, ya sea por degradación, o por recaptación por parte de las terminaciones presinápticas, hasta que la neurona es estimulada de nuevo.

Hay múltiples neurotransmisores. Los más relevantes son acetilcolina, adrenalina, dopamina y serotonina. Dan lugar a sinapsis colinérgicas (que regulan la cognición), adrenérgicas (que controlan funciones vegetativas, emoción, excitación e ira), dopaminérgicas (sinergia motora y conducta) y serotoninérgicas (estado de ánimo y afecto). El funcionamiento de estos sistemas puede ser consciente o inconsciente.

Tal obra musical nos “conmueve”, nos “estremece” o nos “hace llorar", y entonces la vivimos como fuente de gran placer y belleza. La emoción es intensa, el placer es físico y espiritual. Otras veces, la reacción emocional es de desagrado y rechazo. Pero es difícil que una obra musical nos deje indiferentes.

Ya William James y Carl Lange sugirieron que esta reacción emocional se manifiesta inicialmente en un nivel inconsciente. Se origina en un estímulo externo, emocional y ascendente (bottom up, es decir, de abajo hacia arriba), inconsciente, con repercusión física y psicológica involuntaria (“me puso la piel de gallina”, “me hizo llorar”), que finalmente alcanza un nivel consciente en nuestra corteza cerebral. Esta evalúa entonces la naturaleza de ese estímulo, e induce la vivencia consciente, cognitiva y descendente (top down, de arriba hacia abajo), de placer/aceptación o desagrado/rechazo, que es la “sensación” subjetiva que advertimos como corolario de la experiencia [3].

Hay varias estructuras cerebrales que intervienen en el desencadenamiento de esta reacción emocional, y se encuentran en la base del cerebro.

Una es el hipotálamo, situado sobre la hipófisis, que regula funciones vegetativas, emociones, hambre, temperatura corporal y sueño. Además, controla la actividad hormonal de dicha glándula, que a su vez coordina la de las restantes glándulas endócrinas.

La estación intermedia, generadora e inductora de la reacción adrenérgica, se encuentra en el tronco cerebral y es el llamado locus coeruleus, interconectado con las estructuras superiores, cerebrales, e inferiores, medulares, mediadoras de la reacción emocional.

Situada en la profundidad del lóbulo temporal, adyacente a la línea media, también la amígdala (llamada así, como la de la garganta, por su forma de almendra) interviene en la percepción del placer musical: cuando escuchamos una melodía que nos causa placer, se activa la amígdala izquierda y se desactiva la derecha. Lo contrario ocurre con la música disonante, que induce sensación subjetiva de displacer. La melodía constituye el gran componente emocional de la música. Si se la elude, como ocurre con la música atonal, predomina la sensación de displacer.

Pero además, la amígdala regula las sensaciones de alarma y miedo, (vivencia de la música que sugiere suspenso o peligro), el aprendizaje emocional, la conducta sexual, la consolidación de la memoria de largo plazo, la relación entre emociones, cognición y la toma de decisiones, y, en última instancia, la cognición social. Por sus abundantes interconexiones con las restantes estructuras y también con la corteza cerebral, la amígdala es el gran regulador de la vida emocional humana.

La música placentera estimula asimismo el núcleo accumbens, que se vincula a sensaciones de recompensa, risa, placer, adicción y miedo, y se activa también con la excitación sexual, la cocaína, y el chocolate, de frecuente consumo en los espectáculos musicales. “Sexo, drogas y rock and roll” tienen así su razón de ser.

Por último, la noción consciente de nuestras reacciones emocionales despunta en la ínsula, uno de los lóbulos del cerebro, y finalmente se integra y analiza en otras áreas de la corteza cerebral.

Hipotálamo, locus coeruleus, amígdala, y núcleo accumbens son así los grandes mediadores inconscientes de nuestras emociones, y la corteza su evaluador consciente.

Pero al unificar, intensificar, contagiar y sobre todo sincronizar sus efectos, la desinhibición conductual que la música genera resulta mayor que la provocada por otras emociones. Induce mayor comunicación entre las personas, mayor estimulación afectiva, mayor contacto emotivo y mayor activación física.

Y todo por un neurotransmisor: ¡la adrenalina!

Referencias:
1. Fustinoni O, Yorio A (2013) Música y cerebro Ciencia e Investigación 63: 31-38.
2. Fustinoni O (2015) El cerebro y la música Emoción, creación e interpretación El Ateneo, Buenos Aires.
3. Kandel E (2012) The Age of Insight. The Quest to Understand the Unconscious in Art, Mind and Brain. From Vienna 1900 to the present Random House, Nueva York.

Revista QuímicaViva
ISSN 1666-7948
www.quimicaviva.qb.fcen.uba.ar
Número 1, año 15, Abril 2016
quimicaviva@qb.fcen.uba.ar