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Conocer el cerebro para vivir mejor Facundo Manes, neurocientífico


En Estados Unidos, el 40% de la sociedad se siente sola de forma crónica en algún momento de la vida. Inglaterra acaba de crear un Ministerio de la Soledad... No porque sean amantes de la neurociencia los del gobierno inglés, sino porque saben, tienen datos, tienen evidencia científica de que la soledad es muy frecuente y que produce problemas de salud que tienen un costo enorme para la sociedad".

En este vídeo, el neurocientífico Facundo Manes explica las claves para mantener en forma al cerebro, cómo surge la creatividad, el "momento eureka" y cómo aprendemos y olvidamos.

Facundo Manes ha dedicado gran parte de su trayectoria profesional a descifrar los secretos del cerebro, actividad que sigue desarrollando como investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina y del departamento Cognition and Brain Sciences de Cambridge.

A mis hijos les digo: "Estudiá, porque además de que te va a permitir ser más libre y tener más oportunidades, cumplir tus sueños, levantar la autoestima, adaptarte a un mundo en permanente cambio... además de todo eso, va a proteger tu cerebro”, reflexiona el neurocientífico.

Fundador del Instituto de Neurología Congnitiva (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro en Buenos Aires, el doctor Manes es autor de libros como ‘El cerebro del futuro’ y ‘Usar el cerebro’, donde explica el funcionamiento de nuestra materia gris.

Fuente: AprendemosJuntos

La Música: Química, Emoción y Cerebro Osvaldo Fustinoni

Música, química, emoción y cerebro

AutorOsvaldo Fustinoni
Médico neurólogo, doctor de la UBA y profesor de neurología

La música, expresión humana exclusiva, es singularmente abstracta. No traduce significados cognitivos concretos, pero evoca, en cambio, emociones intensas. No se comprende tanto como se siente. No es indispensable para vivir, pero satisface nuestros más profundos anhelos de emoción. La emoción probablemente precedió a la cognición, el canto y la danza al lenguaje hablado, el lenguaje metafórico al literal o científico, y la poesía a la prosa [1].

La emoción musical se manifiesta físicamente por la exaltación de un sector del sistema nervioso autónomo (o sea independiente de la voluntad): el sistema adrenérgico. Este genera adrenalina, hormona de la excitación y los impulsos, que causa taquicardia, aumento de la presión arterial y del ritmo respiratorio, transpiración palmar, dilatación pupilar y tensión muscular. Estas manifestaciones físicas no se diferencian de las causadas por otras emociones, como las afectivas, miedo, peligro o erotismo. La onda de activación adrenérgica es el gran amplificador común. Por eso, podemos percibir que una persona se encuentra "emocionada", pero no podemos saber por qué [2].

Como sabemos, el sistema nervioso está integrado por neuronas. La comunicación interneuronal se hace por sinapsis, transmisión química a través del mínimo espacio intersináptico existente entre una neurona y otra. La sinapsis se efectúa por medio de neurotransmisores, sustancias químicas que por impulso de la neurona presináptica se liberan al espacio intersináptico y actúan sobre receptores específicos situados sobre la membrana de la neurona siguiente, postsináptica, desencadenando un nuevo impulso. El neurotransmisor modifica la permeabilidad iónica de la membrana, originando un potencial eléctrico, y se inactiva rápidamente, una vez logrado el impulso, ya sea por degradación, o por recaptación por parte de las terminaciones presinápticas, hasta que la neurona es estimulada de nuevo.

Hay múltiples neurotransmisores. Los más relevantes son acetilcolina, adrenalina, dopamina y serotonina. Dan lugar a sinapsis colinérgicas (que regulan la cognición), adrenérgicas (que controlan funciones vegetativas, emoción, excitación e ira), dopaminérgicas (sinergia motora y conducta) y serotoninérgicas (estado de ánimo y afecto). El funcionamiento de estos sistemas puede ser consciente o inconsciente.

Tal obra musical nos “conmueve”, nos “estremece” o nos “hace llorar", y entonces la vivimos como fuente de gran placer y belleza. La emoción es intensa, el placer es físico y espiritual. Otras veces, la reacción emocional es de desagrado y rechazo. Pero es difícil que una obra musical nos deje indiferentes.

Ya William James y Carl Lange sugirieron que esta reacción emocional se manifiesta inicialmente en un nivel inconsciente. Se origina en un estímulo externo, emocional y ascendente (bottom up, es decir, de abajo hacia arriba), inconsciente, con repercusión física y psicológica involuntaria (“me puso la piel de gallina”, “me hizo llorar”), que finalmente alcanza un nivel consciente en nuestra corteza cerebral. Esta evalúa entonces la naturaleza de ese estímulo, e induce la vivencia consciente, cognitiva y descendente (top down, de arriba hacia abajo), de placer/aceptación o desagrado/rechazo, que es la “sensación” subjetiva que advertimos como corolario de la experiencia [3].

Hay varias estructuras cerebrales que intervienen en el desencadenamiento de esta reacción emocional, y se encuentran en la base del cerebro.

Una es el hipotálamo, situado sobre la hipófisis, que regula funciones vegetativas, emociones, hambre, temperatura corporal y sueño. Además, controla la actividad hormonal de dicha glándula, que a su vez coordina la de las restantes glándulas endócrinas.

La estación intermedia, generadora e inductora de la reacción adrenérgica, se encuentra en el tronco cerebral y es el llamado locus coeruleus, interconectado con las estructuras superiores, cerebrales, e inferiores, medulares, mediadoras de la reacción emocional.

Situada en la profundidad del lóbulo temporal, adyacente a la línea media, también la amígdala (llamada así, como la de la garganta, por su forma de almendra) interviene en la percepción del placer musical: cuando escuchamos una melodía que nos causa placer, se activa la amígdala izquierda y se desactiva la derecha. Lo contrario ocurre con la música disonante, que induce sensación subjetiva de displacer. La melodía constituye el gran componente emocional de la música. Si se la elude, como ocurre con la música atonal, predomina la sensación de displacer.

Pero además, la amígdala regula las sensaciones de alarma y miedo, (vivencia de la música que sugiere suspenso o peligro), el aprendizaje emocional, la conducta sexual, la consolidación de la memoria de largo plazo, la relación entre emociones, cognición y la toma de decisiones, y, en última instancia, la cognición social. Por sus abundantes interconexiones con las restantes estructuras y también con la corteza cerebral, la amígdala es el gran regulador de la vida emocional humana.

La música placentera estimula asimismo el núcleo accumbens, que se vincula a sensaciones de recompensa, risa, placer, adicción y miedo, y se activa también con la excitación sexual, la cocaína, y el chocolate, de frecuente consumo en los espectáculos musicales. “Sexo, drogas y rock and roll” tienen así su razón de ser.

Por último, la noción consciente de nuestras reacciones emocionales despunta en la ínsula, uno de los lóbulos del cerebro, y finalmente se integra y analiza en otras áreas de la corteza cerebral.

Hipotálamo, locus coeruleus, amígdala, y núcleo accumbens son así los grandes mediadores inconscientes de nuestras emociones, y la corteza su evaluador consciente.

Pero al unificar, intensificar, contagiar y sobre todo sincronizar sus efectos, la desinhibición conductual que la música genera resulta mayor que la provocada por otras emociones. Induce mayor comunicación entre las personas, mayor estimulación afectiva, mayor contacto emotivo y mayor activación física.

Y todo por un neurotransmisor: ¡la adrenalina!

Referencias:
1. Fustinoni O, Yorio A (2013) Música y cerebro Ciencia e Investigación 63: 31-38.
2. Fustinoni O (2015) El cerebro y la música Emoción, creación e interpretación El Ateneo, Buenos Aires.
3. Kandel E (2012) The Age of Insight. The Quest to Understand the Unconscious in Art, Mind and Brain. From Vienna 1900 to the present Random House, Nueva York.

Revista QuímicaViva
ISSN 1666-7948
www.quimicaviva.qb.fcen.uba.ar
Número 1, año 15, Abril 2016
quimicaviva@qb.fcen.uba.ar

El Cerebro Automático La magia del inconsciente

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El ser humano es impulsado por su mente inconsciente. El cerebro humano siempre está en automático y decide las cosas antes de que se piensen. Aún así es facil engañar a nuestro cerebro.

Premio Nobel de Medicina John O'Keefe - May-Britt Moser y Edvard I. Moser


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El estadounidense John O'Keefe y los noruegos May-Britt Moser y Edvard I. Moser ganaron este lunes el Premio Nobel de Medicina 2014 por descubrir el "GPS interno" del cerebro que posibilita la orientación en el espacio.

El Cerebro no busca la Verdad sino Sobrevivir Neurociencias
Redes 78


Fuente: En busca del Perdido

¿Por qué dormimos? Russell Foster

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Fuente: Atrévete a saber

Aprender a Gestionar las Emociones Redes 130

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Fuente: Atrévete a saber

¿Por qué dormimos? Russell Foster

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Russell Foster es un neurocientífico circadiano: estudia los patrones de sueño del cerebro. Y se pregunta: ¿Qué sabemos sobre el sueño? Para ser algo que hacemos durante un tercio de nuestras vidas, resulta que no sabemos mucho. En esta charla, Foster comparte tres teorías populares acerca de porqué dormimos, derriba algunos mitos acerca de la cantidad de sueño que necesitamos a diferentes edades y da algunas nuevas sugerencias audaces sobre el sueño como un indicador de la salud mental.

Fuente: Atrévete a saber

Los 12 Pilares de la Inteligencia Redes 81

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Redes: ¿Qué es la inteligencia? ¿Se puede medir con precisión? ¿Cuáles son sus ingredientes? Hoy existen más y mejores herramientas para afinar la comprensión del intelecto humano.

Internet es una de ellas: así lo demuestra el test online del neurocientífico Adrian Owen, de la Universidad de Cambridge, que busca definir los 12 pilares de la inteligencia humana con la participación de cientos de miles de personas en la red.

Fuente: AdonayComplexus

La Vida Privada del Cerebro Redes 32

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Nuestro cerebro y su forma de funcionar siguen asombrándonos y crean nuevos retos para la ciencia. Ahora descubren que cuando el cerebro deja de pensar es cuando más energía gasta; trabaja sin cesar... ¡y más lo hace cuando no nos damos cuenta! Eduard Punset charla hoy con el neurólogo Marcus Raichle, descubridor de esta sorprendente paradoja: la "energía oscura" del cerebro.

Fuente: Atrévete a saber

Asi Decide el Cerebro Capítulo REDES 438

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Los Siete Pecados de la Memoria Redes

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Es fácil afirmar que, sin memoria, no hay pasado. Lo revolucionario es que la neuropsicología ha descubierto que, sin memoria, tampoco hay futuro. Curiosamente, cuando imaginamos lo que viene, se activan las mismas partes del cerebro que cuando recordamos el pasado.

Fuente: Atrévete a saber

Cómo Construimos los Recuerdos? Neurociencias - Redes 136

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Fuente: Atrévete a saber

Your Brain in the Cloud Ray Kurzweil

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According to futurist Ray Kurzweil, we are going to create synthetic neocortexes in order to extend the power of our own neocortex.

Transcript
Sometimes people think that emotion and art are sort of sideshows to human intelligence and the real essence of intelligence is thinking logically. If that were true, computers are already smarter than we are because they're much better at logical thinking than we are. It's actually things like being funny, being sexy or expressing a loving sentiment; maybe in a poem or in a musical piece. That's the cutting edge of human intelligence.

It has to do with the hierarchy of the neocortex and at the low levels things might seem cold and mechanical because we're -- our neocortex can recognize very simple objects and make very simple decisions. At a high level, it's dealing with concepts like the beauty of a poem by Emily Dickinson or the ability to create a poem like that. And we can come back to creativity I believe it's an exercise in metaphors and the neocortex is a metaphor machine. That's what it's good at. That's why humans are creative, but we have this very large hierarchy where we have more and more abstract and complex patterns. You know, builds on patterns below it. And the difference between humans and say other primates is that we have more of the neocortex. We have this big forehead that we can fit in the frontal cortex and, therefore, have a higher number of hierarchies - of levels of the hierarchy. And that was an enabling factor that permitted the evolution of language and technology and art and science.

We are going to create synthetic neocortexes based on the same principles. I'm actually working on that. And we've had hierarchal systems like that. I helped pioneer a concept called Hierarchical Hidden Markup Models, which is similar to what happens in the brain but we only had a few levels. The brain has a very large number of levels and all the way from recognizing edges of objects up to "she's beautiful" or creating a beautiful painting or work of music, or scientific insight.

We will create artificial neocortex that have a comparable number or a greater number, and I think the principal application will actually be to extend our own neocortex. We have 300 million pattern recognizers in the neocortex by my estimate. That hierarchy we build ourselves each of these pattern recognizers capable of connecting itself to other neocortexes, to build its hierarchy. We build that hierarchy from the moment we're born or before that. We're constantly building it, but we run up against this limitation of 300 million. We'll be able to extend that and think in the cloud.

You know, if you do anything interesting with this, do a search or a language translation, or bring up a map or ask it a question. It doesn't take place in the box. It goes out to the cloud. We're going to put these just really gateways. This is a gateway to the cloud. We're going to put gateways to the cloud in our brains and have more than 300 million, just like the cloud can give you a thousand or a million computers for a tenth of a second. You need another billion pattern recognizers, you'll be able to access that in the cloud. That's where we're headed and we'll be more intelligent and able to actually think in a greater number of hierarchies. If you think that realize that the quantitative improvement from primates to humans with the big forehead to allow a larger neocortex was an enabling factor for language art and music and science. What kind of qualitative leap can we make with another quantitative increase? And that's I think where we're headed.

Directed / Produced by Jonathan Fowler & Elizabeth Rodd

Fuente: bigthink

Inteligencia Lógica y Social - Circuitos por Nora Bär - LA NACION

Inteligencia Lógica y Social

Resulta una verdad de Perogrullo que el ajedrecista genial, pero incapaz de enamorarse, y el "rey de las fiestas" que reprueba todos los exámenes exhiben dos "fórmulas" diferentes de inteligencia. Pero aunque desde hace tiempo los neurocientíficos imaginan esta función del cerebro más como un caleidoscopio de habilidades que como una capacidad única, lo cierto es que todavía carece de una definición precisa.

Ahora, un trabajo de investigadores argentinos y británicos al que la revista Brain le dedica nada menos que 14 páginas permite hacer una disección más fina de esta capacidad y ofrece respuestas para dos preguntas que apasionan a los investigadores: ¿cuál es el alcance de la inteligencia general (o "fluida", en la jerga científica)? y ¿dónde residen ésta y otras habilidades cognitivas?
Este estudio confirma resultados previos que indican que la inteligencia general residiría en el lóbulo frontal, pero demuestra además que otras funciones, como la cognición social, se asocian particularmente con el área más anterior de esta área del cerebro y exceden el rol de la inteligencia general
, explica la doctora María Roca, del Instituto de Neurociencias Cognitivas (Ineco) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Roca es la primera autora del trabajo que también firman Teresa Torralva y Facundo Manes, de Ineco y Favaloro, y Alice Parr, Russell Thompson, Alexandra Woolgar, Nagui Antoun y John Duncan, de la Unidad de Cognición y Neurociencias, de la Universidad de Cambridge.

La inteligencia general o fluida podría explicarse como "la capacidad de resolver problemas independientemente de la experiencia vital de cada individuo", explica Manes. Diferentes estudios vinculan esta capacidad con el lóbulo frontal del cerebro, una de las regiones de mayor desarrollo evolutivo en el ser humano.

Sin embargo también hay otras habilidades cognitivas de las que se pensaba que dependían de los mismos circuitos neuronales, tales como la capacidad de inferir sentimientos de otras personas, de inhibir nuestros impulsos o de mantener en mente nuestros objetivos a largo plazo con el fin de lograr una meta.

Para trazar una cartografía precisa de cada una de estas funciones, los investigadores decidieron estudiar a 44 individuos con lesiones focales precisamente en esa área del cerebro y comparar su rendimiento en diversas pruebas cognitivas con el de 33 sujetos de control.
Primero les tomamos tests de inteligencia general, como los de matrices (en los que se les presentan, por ejemplo, un punto, dos puntos, tres puntos y se les pide que completen la secuencia) y otros que miden funciones ejecutivas, como la flexibilidad de pensamiento (la capacidad de adaptar la conducta a cambios ambientales), y de fluencia verbal (por ejemplo, decir todas las palabras que comiencen con una letra determinada) -detalla Roca-. Lo que vimos es que, si bien hubo diferencias entre los individuos con lesión y los controles, éstas podían explicarse por los cambios que tenían en la inteligencia fluida.
Los científicos, entonces, decidieron avanzar otro casillero: se preguntaron si ocurriría lo mismo con otras funciones asociadas con el lóbulo frontal, como la capacidad de detectar estados emocionales.
Les tomamos a seis personas una segunda batería de tests que mide el rendimiento en la capacidades vinculadas con lo que se denomina «inteligencia social» -cuenta Roca-. Así pudimos probar que el lóbulo frontal tiene un área que sirve para manejarse en tareas de razonamiento lógico (la dorsolateral), pero que las funciones más relacionadas con la posibilidad de tener un plan de situación o de cambiar de perspectiva exceden la inteligencia general y dependen de otros circuitos ubicados en la parte anterior del lóbulo frontal.
Concluye Manes:
Antes se pensaba que los elementos básicos eran tierra, agua, fuego y aire. La tabla periódica moderna define los elementos de manera diferente y ahora sabemos que es más adecuada. Lo mismo pasa con conceptos como «memoria», «atención», e «inteligencia». En el uso diario estos términos no están bien definidos, y por eso resulta difícil medirlos. Este trabajo es el primero en demostrar que la inteligencia general no explica la social y, además, abre nuevas vías para la rehabilitación cognitiva
Fuente: La Nación

Identifican circuitos de la inteligencia lógica y social por Nora Bar - La Nación

Resulta una verdad de Perogrullo que el ajedrecista genial, pero incapaz de enamorarse, y el "rey de las fiestas" que reprueba todos los exámenes exhiben dos "fórmulas" diferentes de inteligencia. Pero aunque desde hace tiempo los neurocientíficos imaginan esta función del cerebro más como un caleidoscopio de habilidades que como una capacidad única, lo cierto es que todavía carece de una definición precisa.

Ahora, un trabajo de investigadores argentinos y británicos al que la revista Brain le dedica nada menos que 14 páginas permite hacer una disección más fina de esta capacidad y ofrece respuestas para dos preguntas que apasionan a los investigadores: ¿cuál es el alcance de la inteligencia general (o "fluida", en la jerga científica)? y ¿dónde residen ésta y otras habilidades cognitivas?
"Este estudio confirma resultados previos que indican que la inteligencia general residiría en el lóbulo frontal, pero demuestra además que otras funciones, como la cognición social, se asocian particularmente con el área más anterior de esta área del cerebro y exceden el rol de la inteligencia general", explica la doctora María Roca, del Instituto de Neurociencias Cognitivas (Ineco) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Roca es la primera autora del trabajo que también firman Teresa Torralva y Facundo Manes, de Ineco y Favaloro, y Alice Parr, Russell Thompson, Alexandra Woolgar, Nagui Antoun y John Duncan, de la Unidad de Cognición y Neurociencias, de la Universidad de Cambridge.
La inteligencia general o fluida podría explicarse como "la capacidad de resolver problemas independientemente de la experiencia vital de cada individuo", explica Manes. Diferentes estudios vinculan esta capacidad con el lóbulo frontal del cerebro, una de las regiones de mayor desarrollo evolutivo en el ser humano.
Sin embargo también hay otras habilidades cognitivas de las que se pensaba que dependían de los mismos circuitos neuronales, tales como la capacidad de inferir sentimientos de otras personas, de inhibir nuestros impulsos o de mantener en mente nuestros objetivos a largo plazo con el fin de lograr una meta.
Para trazar una cartografía precisa de cada una de estas funciones, los investigadores decidieron estudiar a 44 individuos con lesiones focales precisamente en esa área del cerebro y comparar su rendimiento en diversas pruebas cognitivas con el de 33 sujetos de control.
Primero les tomamos tests de inteligencia general, como los de matrices (en los que se les presentan, por ejemplo, un punto, dos puntos, tres puntos y se les pide que completen la secuencia) y otros que miden funciones ejecutivas, como la flexibilidad de pensamiento (la capacidad de adaptar la conducta a cambios ambientales), y de fluencia verbal (por ejemplo, decir todas las palabras que comiencen con una letra determinada) -detalla Roca-. Lo que vimos es que, si bien hubo diferencias entre los individuos con lesión y los controles, éstas podían explicarse por los cambios que tenían en la inteligencia fluida.
Los científicos, entonces, decidieron avanzar otro casillero: se preguntaron si ocurriría lo mismo con otras funciones asociadas con el lóbulo frontal, como la capacidad de detectar estados emocionales.
Les tomamos a seis personas una segunda batería de tests que mide el rendimiento en la capacidades vinculadas con lo que se denomina «inteligencia social» -cuenta Roca-. Así pudimos probar que el lóbulo frontal tiene un área que sirve para manejarse en tareas de razonamiento lógico (la dorsolateral), pero que las funciones más relacionadas con la posibilidad de tener un plan de situación o de cambiar de perspectiva exceden la inteligencia general y dependen de otros circuitos ubicados en la parte anterior del lóbulo frontal.
Concluye Manes: "Antes se pensaba que los elementos básicos eran tierra, agua, fuego y aire. La tabla periódica moderna define los elementos de manera diferente y ahora sabemos que es más adecuada. Lo mismo pasa con conceptos como «memoria», «atención», e «inteligencia». En el uso diario estos términos no están bien definidos, y por eso resulta difícil medirlos. Este trabajo es el primero en demostrar que la inteligencia general no explica la social y, además, abre nuevas vías para la rehabilitación cognitiva".

Fuente: La Nación

La amabilidad humana ¿una cuestión de hormonas y genes?

NUEVA YORK.- Los científicos saben desde hace mucho que la hormona oxitocina desempeña un papel psicológico esencial durante el nacimiento y la lactancia. Pero, según parece, también ayuda a lubricar todos nuestros intercambios sociales, los miles de actos de amabilidad que hacen posible la existencia de la sociedad humana.

Una serie de nuevas investigaciones sugiere que la oxitocina se encuentra en la base de dos pilares emocionales de la vida civilizada: la capacidad de sentir empatía y la posibilidad de tener confianza.
En un estudio publicado en The Proceedings of the National Academy of Sciences se informa que los investigadores encontraron que las diferencias genéticas en la respuesta de la gente a los efectos de la oxitocina estaban ligadas a su habilidad para leer los rostros, para inferir las emociones de los otros y para sentir aflicción por infortunios ajenos.
La oxitocina puede también ser una herramienta de la economía. En una serie de trabajos que aparecieron en Nature , Neuron y otras revistas, Ernst Fehr, director del Instituto de Investigación Empírica en Economía de la Universidad de Zurich, demostró que la hormona tenía efectos notables sobre la buena voluntad de la gente para confiar dinero a extraños.
Los investigadores encontraron que los individuos estimulados con oxitocina confiaban en sus socios financieros más que los que recibieron un placebo: mientras el 45% del grupo que recibió oxitocina acordó invertir la mayor cantidad de dinero posible, sólo el 21% del grupo de control demostró ser tan desprendido.
Diferentes receptores
La oxitocina actúa como una hormona que se desplaza por la corriente sanguínea y llega a afectar órganos lejanos a su origen, en el cerebro, y también actúa como neurotransmisor, lo que permite la comunicación entre las células cerebrales.
Contrariamente a la mayoría de los neurotransmisores, la oxitocina parece enviar su señal a través de un solo receptor. Sin embargo, los contornos del receptor de la oxitocina difieren según los individuos.
Investigadores de la Universidad de California en Berkeley observaron cómo dos variaciones en el código genético del receptor podrían influir en la capacidad de empatía de una persona, como se midió en un cuestionario estándar sobre el tema y en una tarea llamada "leer la mente en los ojos".
En ella, los participantes miraron 36 fotografías blanco y negro de ojos humanos y se les pidió que eligieran la palabra que describía mejor el ánimo de cada sujeto. ¿Intranquilo, desafiante, contemplativo, juguetón? En otra medición sobre los supuestos efectos calmantes de la oxitocina, los sujetos fueron estudiados para saber cómo reaccionaban ante el estrés producido al oír una serie de sonidos fuertes.
En la muestra de 192 estudiantes universitarios, varones y mujeres, los investigadores encontraron que los que tenían la versión A del receptor de oxitocina, que unos estudios previos habían relacionado con el autismo y pobres habilidades paternales, dieron marcas significativamente más bajas en la tarea de leer los ojos y más alto en el test del estrés que las que obtuvieron los sujetos con la variante G del receptor.
Somos todos diferentes, y eso es algo bueno -dijo la doctora Sarina M. Rodrigues, una de las autoras del estudio-. Si todos fuéramos muy dulces y sentimentales, éste sería un mundo terrible.
Como lo admitió divertida, ella misma pertenece al tipo A.
Fuente: La Nacion